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EL MANDAMIENTO Y EL CONSEJO

noviembre 6, 2014

EL MANDAMIENTO Y EL CONSEJO1 Corintios 7:10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor…

esta expresión para los casados, denota la inmutabilidad de este mandamiento que para el apóstol estaba bastante claro que era un mandamiento de Cristo y que en ese sentido era algo inalterable en cualquier circunstancia. Suena un poco contrario a lo que dice en 1Co 7:12 Y a los demás yo digo, no el Señor… esto no es por falta de inspiración divina sino como un consejo pastoral de un hombre lleno del Espíritu Santo, pero que él mismo reconoce no tener el conocimiento de un mandamiento directamente de Cristo, con respecto a las uniones en concubinato, de la cual no hay un mandato firme y estable como el mandamiento para los casado y el apóstol lleno de la inspiración divina da su parecer sobre las parejas unidas en concubinato de hecho, lo mismo expresa sobre otro asunto donde abiertamente dice no tener conocimiento sobre algún mandamiento de Cristo pero da, su parecer como ministro, 1Co 7:25 En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Lo mismo también sucede en 1Co 7:39 La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. 1Co 7:40 Pero a mi juicio ( no es un mandamiento de Cristo), más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.

1Co 7:12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 1Co 7:13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 1Co 7:14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.
Esto de 1Co 7:14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer creyente, esto se refiere a la poderosa influencia que un cristiano debe de tener en su propia casa, 1Co 7:16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer? 1Co 7:14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. La base de este asunto está vinculada a la falta de influencia cristiana en los hijos, pues para la buena educación de los hijos se necesitan los dos padres y no solamente uno, el hecho de que el incrédulo consienta en vivir con la persona creyente significa que acepta la idea de que pareja es cristiana y el incrédulo bajo ninguna circunstancia se opondrá al desarrollo de su pareja en cuanto a la búsqueda de Dios los hijos son santificados simplemente por la poderosa influencia del creyente y de hecho la mayor causa por la cual vale la pena estar unido aunque sea por concubinato es por la justicia hacia los hijos. Mas sin embargo cuando el incrédulo es quien no quiere vivir con sus pareja porque es cristiano(a) entonces no es de forzar las circunstancias mas allá de lo necesario. 1Co 7:15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Esto denota la importancia de seguir a Cristo muy al pesar de cualquier precio familiar Mat 10:34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Mat 10:35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; Mat 10:36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. Mat 10:37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; Mat 10:38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. Mat 10:39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

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