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La sujecion de la VOLUNTAD de los hijos

noviembre 6, 2014

La sujecion de la VOLUNTAD de los hijosMateo 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Los seres humanos por naturaleza heredamos la necedad que es la misma voluntad personal y tratar de frenar esa necedad o “voluntad independiente”, es responsabilidad directa de los padres de familia.

Es un hecho que el necio, necesita ser corregido, y esta responsabilidad, Dios directamente la demanda de los padres, pues Cuando el padre corrige a su hijo, le da esperanza de vivir bien y atravez de la corrección, suceden tres cosas, que todo buen padre hace:
1. Enfrenta fuertemente la necedad del muchacho.
2. Desafía directamente la voluntad de independencia en él.
3. Sujeta el deseo egoísta personal.

La idea de la corrección o disciplina, LA PODEMOS ENTENDER plenamente atravez del buen Padre que resulta ser nuestro Dios, que ama a sus hijos, muy a pesar de ser hijos que han heredado su propia voluntad, libre e independiente, por eso se dice Hebr. 12:5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Heb 12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Heb 12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Heb 12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
Muy al pesar de nuestra herencia pecaminosa podemos descansar en la idea que llegaremos a ser los hijos que Dios quiere que seamos. Es importante entender este principio, “que el educador nuestro es un excelente Padre, que no se deja llevara por nuestros “berrinches espirituales” y al final siempre nos da lo que él considera mejor, no necesariamente lo que nosotros queramos”. Esto debe de darnos descanso, Pues Cristo dijo: Mat 7:7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Mat 7:8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mat 7:9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? Mat 7:10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Mat 7:11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?
Esto es parte de la buena educación del Padre, sobre los hijos “no hacer la voluntad de ellos, sino la voluntad del Padre” y en esto podemos reposar pues lo que se nos está diciendo es que todo lo que pidamos se nos dará, si nuestro buen Padre, considera que es lo mejor para nosotros, un buen educador no le da a sus hijos lo que ellos quieren, solo para que dejen de molestar, sino lo que ellos necesitan. Pues muchas veces los hijos lo que pedimos son “piedras y serpientes”, pero Él al final no nos dará de acuerdo a nuestra voluntad, sino de acuerdo a lo que Él considere mejor. Aunque al extremo, cuando es demasiada la necedad en la vida de un hijo, no queda de otra que entregar al necio a su propia voluntad, como lo vemos en Luc 15:12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. Luc 15:13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

El padre tiene un importante desafío con la educación de los hijos de Sion, pues cuando venimos a Cristo venimos acostumbrados a hacer nuestras propias ideas y tenemos nuestras propias formas y recuerde que la clave de todo este asunto espiritual, está en rendir nuestra voluntad a la del Padre, pues se nos dice: Mateo 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. y eso no lo podríamos hacer sino fuere con la ayuda del Padre Celestial atravez de la disciplina, que él ejerce hasta quitar la necedad de nuestro corazón.

El problema de no seguir esta dirección bíblica o esta manera de Dios, en cuanto al tener carácter como el padre celestial lo tiene para educar a los hijos, traerá consecuencias graves al corazón de los hijos, pues cuando los padres naturales no quieren enfrentar (por diferentes causas) la fuerte y firme y egoísta voluntad del hijo, este padre con esa actitud está diciendo que aborrece a su hijo y lo está condenando al sufrimiento y al dolor.
Cuando a un hijo no se le enseña a frenar su necedad cuando esta pequeño, llegara a ser un adulto necio y tendrá que ir por un largo proceso de hacer su propia voluntad y de hecho que eso traerá tarde o temprano graves consecuencias no solo para él sino también para su familia.
La disciplina lo que hace es frenar nuestra independencia y nuestra autosuficiencia, por eso el hombre que ha sido disciplinado hablará con prudencia al pedir las cosas a Dios, pues la disciplina nos enseña lo frágiles y necios que podemos llegar a ser al pedir o al tener: Pro 30:7 Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Pro 30:8 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario; Pro 30:9 No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.
Un hijo necio sin disciplina no puede hacer diferencias entre lo que conviene y lo que no conviene y siempre lleva dentro de sí el hacer y suplir sus deseos de una forma egoísta, pero la disciplina natural y espiritual deben de cumplir sus propósitos para sujetar la voluntad necia a la voluntad sabia y prudente de Dios.

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